Había desconectado el cable RCA que sugestivamente unia mi tapa plana con el Televisor, DVD, VHS, ---all inclusive--- marca Nagusaky, irónicamente Japonés...
--- jugarretas del destino---, pensé.
Esa mañana habia dormido sólo tres horas y un mareo provocado por el hambre y el insomnio provocado, añadian dramatísmo a la escena. Una mesa grande y fria, menos de una docena de gringos, mi laptop, yo y la Nagusaky.
Decia que desconectaba la computadora para abrir espacio y poderle meter un debede a la Nagysaky para continuar con el segundo acto de mi exposición. La primera parte, ¿quién lo hubiese imagindado?, resultó más afortunada de lo esperado. Una presentación sobria y plana sobre los estragos que, el chiquillo, little boy, dejara quince minutos después de las ocho de la mañana aquél 6 de Agosto del 45.
Dividí en dos partes mi ponencia pues quería guardar lo mejor para el final... Un film francés, aquél documental que no es documental y una película que no es una película. Presioné play, pero Nagusaky se rehusaba a obedecer. Por un instante creí que el tiempo se detenía, el mareo, el sudor y una presión estupidamente idioscincrática de tener a siete gringos esperando impacientes para poder mirar a la caja tonta despedir rayos amables.
Funcionó y las imagenes... hermosas. Una de las secuencias más impresionantes en la historia del cine, totalmente retocada, deslumbrante. La pantalla dejaba ver apenas los brazos de dos amantes bañados en cenizas y sudor. Una pareja que se amaba en Nagusaky, los haluros de plata que se negaban a cooperar con el idioma Nagusaky. Amor, destrucción, el ritmo del diálogo, y lo suave del lenguaje me transportaron a dode siempre te lleva una canción favorita.
Mi intención de mostrar y recordar que Hiroshima fue y será, se vió frustada cuando presas de un secuestro los siete gringos habian caído en un SUEÑO AMERICANO.